El anuncio realizado este fin de semana por Esquerra Republicana de Catalunya, reservándose a Rufián como candidato, arranca de la “insaciable trituradora de liderazgos” al niño bonito de la izquierda catalana.
Gabriel Rufián ha escapado por
los pelos de ser devorado por Izquierda Unida, que es precisamente lo que le
viene sucediendo a cualquiera que pretenda liderar el complejo especto político
surgido del 15 M en sus múltiples coaliciones y versiones, de cuyos nombres,
siglas y acrónimos, ya hemos perdido la cuenta.
Hay que reconocerle al Partido Comunista
de España un mérito considerable al haber sido capaz de subsistir agarrado al
15 M, como a un clavo ardiente y hacerlo, además, sin que se note demasiado.
Fue precisamente uno de los devorados más ilustres (Pablo Iglesias Turrión), el que un 24 de junio de 2015 le dijo al bueno de Alberto Garzón aquello de:
“Cuécete en tu salsa llena de estrellas rojas y cosas, pero no te acerques, porque sois precisamente vosotros los responsables de que en este país no cambie nada”
Una frase demasiado larga para
pasar a la historia (que sin embargo ha pasado), y que en esencia señalaba lo
que a su juicio era la cultura de la derrota del PCE, que se conformaban
abrazándose a viejos y trasnochados símbolos; obteniendo testimoniales
porcentajes de voto (entre el 4 y el 9%), en vez de buscar mayorías amplias en
la izquierda, para intentar gobernar. Es
decir, que no se querían unir a nadie, ni tan siquiera para acceder a más
amplios sectores de la población. Preferían cocerse en su propio caldo de pedigrí
y pureza.
En las generales de 2015,
Izquierda Unida ya estuvo a punto de desaparecer. De hecho, Alberto Garzón, candidato
de IU a la presidencia del Gobierno de España, consiguió únicamente 2
diputados, de los 350 en juego. Fue el momento más crítico para el PCE desde la
caída de la II República Española, y el peor resultado de Izquierda Unida en su
historia, (solamente igualado por Gaspar Llamazares en 2008). En esas mismas elecciones, PODEMOS y sus
confluencias consiguieron 69 escaños. El PSOE obtuvo el segundo peor resultado
de su historia reciente, con 90 escaños. Cinco más que los que conseguiría al
año siguiente.
La tremenda hostia electoral,
recibida en las generales de 2015, situó a Izquierda Unida ante la cruda
realidad de su inminente desaparición, motivo por el cual deciden unirse con el
resto de las fuerzas emergentes a la izquierda del PSOE.
En verano de 2015, se comienza a
fraguar la operación de salvamento de IU, que se cristalizará en un pacto de
coalición con el magma aglutinado en torno a PODEMOS, bajo la denominación de “Unidos
Podemos”, que confluyen a las generales de 2016, nuevamente bajo la candidatura
de Pablo Iglesias Turrión.
PODEMOS, EQUO, CLI-AS, Democracia
participativa, Alto Aragón en Común, Batzarre, Cataluña en Comú, ICV, EUIA,
Podem Catalunya, BLOC, Verds País Valenciá, ANOVA-Irmadade. Mes per Mallorca, y
alguno más que me dejaré, se unen con IU para salvarla.
Izquierda Unida, en una de las
jugadas más inteligentes de la historia política de España, ha sabido, a lo
largo de todo este tiempo, subsistir gracias al empuje del 15 M. A sus ecos, impulsos
y también a sus réplicas. Han sabido pasar de la una segura extinción, a un
papel predominante a la izquierda del PSOE.
Han entrado al Gobierno de España
de la mano de PODEMOS, por la necesidad del PSOE. Y todo ello ha sido a costa de alimentarse de
un movimiento y de excelentes líderes, desgastados por una exposición pública que,
en estos tiempos de velocidades vertiginosas y deshumanización, destrozan a
cualquiera en cuestión de meses.
Gabriel Rufián ha escapado, por
los pelos, de esta trituradora de liderazgos que es la izquierda (a la
izquierda del PSOE) y ha decidido quedarse en casa. Una buena decisión para él,
pero posiblemente muy mala para Izquierda Unida, los frentes amplios y por
encima de todo para una España, que puede quedar en manos del fascismo.
Mientras tanto, ayer el grupo
Vocento publicaba una encuesta de GAD 3, según la cual Ada Colau (aquella alcaldesa de Barcelona, - ya recordarán- cuyo principal motivación para entrar en política
era matar al PSOE), es peor valorada por los votantes de SUMAR, que el propio
Pedro Sánchez. Concretamente dos décimas
mejor valorado Sánchez (5.3) que Colau (5.1). Curioso.
Resulta llamativo también, escuchar esta
misma mañana en las noticias a Antonio Maillo, (actual Coordinador General de IU)
hacer un canto a la unidad y al proyecto común de las izquierdas, ante la
espantada de Rufián. Ahora parecen ya
plenamente convencidos.
Cuánto han cambiado en tan solo
una década…

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